Desde el colegio MARPE, animamos al alumnado y profesorado rememorar la tradición de “Los Finaos”. Recordar esta costumbre canaria, supone contribuir a que no quede en el olvido, siendo además una magnífica oportunidad para educar muchos de nuestros valores.
La esencia de los Finados es el recuerdo y la honra de los familiares difuntos, de modo que una manera de descubrir y actualizar su memoria es mediante la creación de un álbum familiar colectivo donde poder asomarnos a las vidas de estas personas que vivieron en el pasado.
En un mundo globalizado como en el que vivimos tendemos a celebrar fiestas procedentes de fuera, y muchas veces olvidamos que antes de la llegada de estas, en el archipiélago ya existían celebraciones populares y tradicionales y con elementos muy comunes a las foráneas. y finalmente vemos que las tradiciones han acabado conviviendo las autóctonas con las venidas de fuera.
La celebración del “DÍA DE LOS FINAOS”, desde el punto de vista educativo, pretende que el alumnado se acerque al conocimiento de los distintos aspectos culturales y costumbristas que giran entorno a este día tan especial.
Se pretende abarcar distintos aspectos de las manifestaciones etnográficas que diferencian e identifican a nuestras tradiciones isleñas en diferencia a otras culturas, especialmente inglesas y americanas. Desde la gastronomía, hasta la vestimenta tradicional, haciendo especial hincapié en el folclore autóctono de la isla.
Queremos y debemos como educadores, inculcar en nuestros niños/as, al fin y al cabo, los que el día de mañana construirán nuestra sociedad, el amor por lo nuestro y promover los rasgos que definen nuestra idiosincrasia.
Un ejemplo de esta «convivencia» de tradiciones es la noche del 31 de octubre. Muchos estarán celebrando Halloween, la famosa fiesta anglosajona de origen celta, pero hemos de resaltar que en Canarias ya existía una fiesta popular que se celebraba en estas fechas, entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre: La fiesta de los “Finaos” -Finado significa difunto- empezaba con los jóvenes, que iban visitaban las casas de su pueblo pidiendo “los santos” y eran respondido mediante la entregas de frutos secos como almendras y castañas o con higos o manzanas. También los “chochos” en algunas de las localidades costeras.
La fiesta se trasladaba al ámbito familiar, al reunirse en las casas para recordar a los difuntos, contando anécdotas mientras se compartía la comida especialmente preparada para la ocasión.

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